Desapariciones
Hoy, 1º de Octubre
desapareció el trapecista del circo.
Lo vimos hacer peligrosas acrobacias,
y después de un triple salto mortal
se lo tragó la noche.
También desapareció el perro ceniciento
de un niño que lloraba a mi lado.
Y desapareció
aquel vendedor de baratijas
que pregonaba mercancias a la entrada de un cine.
Hoy, 1º de Octubre,
desapareció la mujer que limpiaba espejos en la oficina de los jefes.
Desapareció el viejo saltimbanqui
que hacía reir a la muchedumbre
con su estrafalaria vestimenta.
Todos desaparecieron misteriosamente
Y nadie dejó siquiera un mensaje
acerca de su nuevo paradero.
Hoy, 1º de Octubre
la ciudad ha comenzado a vaciarse.
Los visitantes
avanzan entre automóviles muertos,
entre objetos abandonados a toda prisa por un público impaciente.
Algunas aves, desesperadas, comienzan a sobrevolar los antiguos patios,
y los murciélagos, encandilados por la luz,
chillan en el silencio de las casas vacías.
Hoy, 1º de Octubre,
camino sin saludar a nadie.
Mastico un pan absorto
mientras aguardo la hora
de lanzar una piedra a los espejos.
José Pérez Olivares: Cristo entrando en Bruselas (1994)
Sigo con la poesía cubana. José Pérez Olivares (Santiago de Cuba, 1949)., es un poeta y pintor, cubano que se acabó exiliando en España, donde reside desde el 2003, como él dice en una entrevista, El Exilio es difícil a cualquier edad. Pintor y poeta, se ha ganado la vida trabajando como docente en ambas especialidades, recibiendo varios premios en el ámbito de la poesía.
El cantautor gaditano Juan Luis Pineda (Cádiz, 1973) grabó en el 2002 su primer disco, Olla de grillos, en el que pone música a 12 poemas de autores recientes. Esta canción es la que cierra el álbum
Os dejo con un poema extraído de su último libro A la Mano Zurda, que obtuvo el Premio Iberoamericano de Poesía. Hermanos Machado, Vandalia, en el año 2014. Os dejo con un vídeo donde el autor lee cuatro poemas de este libro, aunque el que he seleccionado no está incluido
Una mesa y doce Apóstoles
a Leonardo, y también a Luis Buñuel
En la pared de un viejo convento
pintó una mesa y doce apóstoles
Corrían años desgraciados, horas de pruebas
para la mano del artista
Los ejércitos entraban a caballo en las iglesias
y un cuadro valía menos que un trozo de pan
(menos tal vez que la hoja arrastrada por el viento)
Hundido en su trabajo,
extraviado en lo más hondo de sus reflexiones,
tomaba un pincel
para mojarlo luego en la sustancia de sus deseos
Sus deseos también eran turbios,
hechos con restos de sueños y humillaciones,
con nocturnos desprecios
y sed de algo que casi nadie conoce,
pero que arde en casi todos los rostros,
en la boca desdentada del que nada tiene
y en la mirada ciega del que padece hambre
Así solía pintar aquel hombre
que unas veces amanecía con un grito,
otras, con una suave imprecación en los labios
Cierro los ojos y lo veo:
alto y silencioso entre aquella ralea,
sentado a la mesa de alguna sórdida taberna,
libreta en mano,
dibujando perfiles, caras de viejas bribonas,
miradas filosas como cuchillos
Para luego salir a toda prisa y ponerlos allí,
en la faz de sus apóstoles,
porque el arte, por elevado que sea,
no es nada si no arrastra algo de suciedad,
algo de la miseria diaria,
de las injusticias que a diario padecemos
Hombre que amas la cultura:
en los deterioros del tiempo,
mira lo que una mano extranjera dejó
Detente en la terrible pared que tanta gente visita,
en esas manchas casi borradas,
en ese largo y silencioso alarido
que se titula «La última cena»
Y busca, entre asesinos y canallas,
tu propio rostro
José Pérez Olivares A la mano zurda (2014)
Buen inicio de semana

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