Serán ceniza
Cruzo un desierto y su secreta
desolación sin nombre.
El corazón
tiene la sequedad de la piedra
y los estallidos nocturnos
de su materia o de su nada.
Hay una luz remota, sin embargo,
y sé que no estoy solo;
aunque después de tanto y tanto no haya
ni un solo pensamiento
capaz contra la muerte,
no estoy solo.
Toco esta mano al fin que comparte mi vida
y en ella me confirmo
y tiento cuanto amo,
lo levanto hacia el cielo
y aunque sea ceniza lo proclamo: ceniza.
Aunque sea ceniza cuanto tengo hasta ahora,
cuanto se me ha tendido a modo de esperanza.
José Ángel Valente. A modo de esperanza (1954)
Sigo con los poetas de la Generación del 50, y como estábamos hablando del año 1954, he elegido al poeta que obtuvo el premio Adonais de poesía de ese año por este libro "A modo de esperanza", que se inicia con el poema que os he propuesto hoy. Se trataba de un joven José Ángel Valente orensano de nacimiento que acabó sus estudios de filología en Madrid, tras abandonar los de Derecho ese mismo año. Con el premio adquiere notoriedad como joven promesa entre los poetas de su generación. Pero lo que le va a diferenciar de sus compañeros será el hecho de que, a partir de este poemario, todos sus libros serán escritos fuera de España. El alejamiento de una España que le resulta poco tolerable va a marcar el signo de su poesía. Este distanciamiento de su país se va a ensanchar aún más a raíz de la publicación de su cuento “el uniforme del general”, en 1971, por el que es sometido a un consejo de guerra. En 1975 va a París como jefe del servicio de traducción española de la UNESCO. En 1985 decide radicarse en Almería, donde reside hasta su fallecimiento en el año 2000
Vicente Monera, puso música a este poema, subiéndolo a YouTube en el 2009
Ya que lo he citado os dejo con el cuento que le supuso un Consejo de Guerra
El uniforme del General
El condenado se sentó en la penumbra. El cura se paseaba lentamente a lo largo de la celda, leyendo en un libro pequeño, de encuadernación negra y flexible, frases que articulaba con cuidado pero que no llevaba a la voz. El condenado emitió contra su voluntad un gemido. Sentía un vacío enorme en el estómago y a la vez un deseo, al que no conseguía dar suelta, de vomitar. O le habría gustado comer, comer hasta quedarse sordo para no oírse más. Morir ha de ser ‑pensó‑ como tener hambre y náuseas a la vez. Luego dijo en alta voz:
-Volvería a ponerme el uniforme del general.
El cura suspendió la lectura y se detuvo para mirarlo con una mezcla de asombro y conmiseración. Después siguió bisbiseando, pero sin moverse, clavado al suelo, mirando a uno y a otro lado de soslayo y luego al libro y otra vez de soslayo, como si alguien pudiera entrar y oír.
El uniforme del general se quita y pone como otro igual.
Primero se lo había puesto Manuel y luego su hijo y después él mismo y luego otros, porque les daba gusto y porque Manuel gritó ¡viva la de‑mo-cra‑cía! y todos se pusieron a cantar y a beber vino con el uniforme del general y se ensució un entorchado y porque el maestro con un bigote postizo y el uniforme del general parecía un domador de circo y porque el uniforme del general estaba allí entre otras cosas inútiles y para nada serviría si ya no iba a haber generales ni madre que los crió y entonces fue cuando Manuel dijo que a lo mejor los generales no tenían madre y los hacían en una máquina con chapas de gaseosa, aluminio y paja, mucha paja, para que apareciesen con el pecho hinchado por el aire de la victoria y después trajeron un caballo y desfilaron todos y luego nos fuimos a dormir y al día siguiente a trabajar y pronto la merienda se olvidó y nadie supo que estaba puesto en una lista para ser condenados todos por impíos y ateos y por otras cosas que de nosotros mismos ni siquiera sabríamos decir. Y así fue, pues todos fueron apresados y juzgados debidamente por su miserable acción y él ‑pensó‑ no sabía si era el último o el penúltimo en morir, pero por ahí andaba ya la lista y en todo caso para él era el final.
El uniforme del general se quita y pone como otro igual.
Se acordó de Manuel y del maestro y le dio risa y la risa fue como si de nuevo, libre al fin, volviese a andar por los campos comunes, igual que en otros tiempos.
El cura dejó el libro y se puso en oración porque ya se avecinaba la hora y el condenado nada había querido oír. Él miró la negra figura recogida sin inquietud. Sacó del bolsillo un lápiz que le habían dado por si quería dejar alguna despedida escrita para su madre o para alguien o para quién y dibujó despacio en la pared los entorchados, el fajín, los ribetes, los oros del uniforme del general Después se puso en pie y meó largamente sobre el traje glorioso hasta quedar en paz.
José Ángel Valente Número 13 (1971)
El cuento está inspirado en unos hechos acaecidos en Fiñana, en la comarca almeriense de los Filabres-Tabernas donde un grupo de anarquistas, durante los años de la II República, representaron una parodia vistiéndose con el uniforme del general Saliquet, uniforme que estaba en el cortijo que habían ocupado y que era propiedad de la familia del militar. Denunciados, acabarían todos fusilados.
El libro (cuatro relatos en total) se publica en Las Palmas de Gran Canaria en 1971, pero es retirado tras la denuncia de la Capitanía General de Canarias por presunto delito de ofensa a clase determinada del ejército. El Consejo de Guerra se celebró el 14 de septiembre de 1972 y José Ángel Valente (entonces funcionario de Naciones Unidas) fue declarado en rebeldía y probado el delito de injurias encubiertas a clase determinada del ejército. No había relación alguna con el Generalísimo, pero así son las cosas con las Dictaduras, curiosamente el libro menos este relato se vuelve a publicar en 1973
No está de mas recordar la Historia. Buen jueves
PS: Mas poemas de José Ángel Valente
https://fonocopiando.blogspot.com/2024/06/nana-de-la-adultera-poema-de-jose.html





