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12 de mayo de 2020

Solo el amor y otros poemas de Fina Garcia Marruz cantados por Martirio, Pablo Milanés & más


Sólo el amor

Cuando te llamo,
no vienes.

Cuando me llamas,
no voy.

Para que a nuestro encuentro vaya
solo, el amor
Fina Garcia Marruz


Fina García Marruz (Josefina García-Marruz Badía. Nació en La Habana (Cuba) el 28 de abril de 1923. Aún viva es un claro exponente de la poesía del pasado siglo donde trabajó, junto a su marido y compañero Cintio Vitier. Formaron parte de la revsita “Orígenes” de mediados de los 40 del pasado siglo. La poesía de Fina es delicada, menuda como ella, y con reconocimiento internacional en los últimos años (incluyendo el Reina Sofía de Poesía de 2011)
El poema musicado por su hijo Cinto Vitier e interpretado por Martirio, cierra el disco de 2011 “El aire que te rodea” (décimo tercer corte con música de José María Vitier) del que ya he puesto algún tema (“Dulces Favores de Caderón de la Barca”)

Cuatro años más tarde (2015) Pablo Milanés  la incluye en su disco “Canción de Otoño” , con música nuevamente de su hijo José María Vitier, es el noveno corte


Entre medias hay otro disco de Liuba María Hevia de 2012 (“Se dice cubano” que lo incluye como undécimo y penúltimo corte, pero no lo encuentro disponible)

Tantos poemas que seleccionar uno o dos es imposible, al final escojo este soneto:

Y sin embargo sé que son tinieblas...
Y sin embargo sé que son tinieblas
las luces del hogar a que me aferro,
me agarro a una mampara, a un hondo hierro
y sin embargo sé que son tinieblas.
Porque he visto una playa que no olvido,
la mano de mi madre, el interior de un coche,
comprendo los sentidos de la noche,
porque he visto una playa que no olvido.
Cuando de pronto el mundo da ese acento
distinto, cobra una intimidad exterior que sorprendo,
se oculta sin callar, sin hablar se revela,
comprendo que es el corazón extinto
de esos días manchados de temblor venidero
la razón de mi paso por la tierra.

Y acabo con otro poema musicado por la cantautora cubana Sara González
A una heroína de la Patria
Pónganle a la suicida una hoja en la sien,
una siempreviva en el hueco del cuello.
Cúbranla con flores, como a Ofelia.
Los que la amaron se han quedado huérfanos.

Cúbranla con la ternura de las lágrimas.
Vuélvanse rocío que refresque su duelo.
Y si la piedad de las flores no bastase
díganle al oído que todo ha sido un sueño.

Ríndanle honores como a una valiente
que perdió sólo su última batalla.
No se quede en su hora inconsolable.
Sus hechos, no vayan al olvido de la yerba.

Que sean recogidos, uno a uno,
allí donde la luz no olvida a sus guerreros.
Ríndanle honores como a una valiente
que perdió sólo su última batalla
Fina García Marruz (1980)


Buen día

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